Cortes eléctricos mantienen apagado el espacio cívico en las regiones de Venezuela

Venezuela | Aula Abierta alerta que los constantes racionamientos y fallas del Servicio Eléctrico Nacional mantienen el espacio cívico apagado en las distintas regiones de Venezuela.
Las interrupciones imprevistas del fluido eléctrico, que en los estados del interior del país se extienden hasta por 12 horas continuas, paralizan la gestión universitaria, ahogan el desarrollo de investigaciones científicas y reducen el ejercicio pleno de los derechos ciudadanos a una dinámica de supervivencia y contingencia diaria.
Déficit estructural
La precariedad en el suministro no constituye un evento coyuntural, sino un problema estructural documentado por investigaciones independientes como «Crisis eléctrica en Venezuela: no es El Niño, es la corrupción», elaborada por Transparencia Venezuela. El informe evidencia que entre 2010 y 2021 se desembolsaron más de 29 mil millones de dólares destinados a proyectos del sistema eléctrico tras la emergencia decretada en 2009. Pese a estas asignaciones masivas de fondos públicos, obras clave como la Central Hidroeléctrica Tocoma acumularon sobrecostos de más de 12.000 millones de dólares y años de retraso sin entrar en pleno funcionamiento.
Mientras la versión oficial adjudica las fallas a factores climáticos, los análisis técnicos confirman una gestión ineficiente y programas de racionamiento no informados que merman la calidad de vida e imposibilitan la continuidad de la actividad académica.
El impacto en la comunidad estudiantil: salud emocional y barreras tecnológicas
El deterioro del sistema eléctrico incide directamente en las aulas de clase y en los hogares del estudiantado en las regiones. Ante esto, Aula Abierta documentó testimonios sobre cómo afecta la crisis eléctrica a las y los universitarios.
Naigret Barrios, estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad del Zulia (LUZ), reportó desde Maracaibo que las interrupciones diarias de 2 a 5 horas en la ciudad. Esta situación afecta la educación universitaria debido a que, al estar sin luz, impiden el uso de herramientas audiovisuales en clases y, en ocasiones, hasta el uso de los espacios por las altas temperaturas de la zona.
“Si se nos va la luz viendo clases no solo nos quedamos sin el material audiovisual, sino que comienzas y terminas viendo la clase con calor. No es agradable y afecta mucho la salud emocional del estudiantado”, explicó Barrios, agregando que la caída de las redes de internet limita los procesos de investigación.
Aunado a esto, la crisis obliga a los estudiantes a asumir costos extraordinarios para no abandonar sus carreras. Es el caso de Javier Maduro, de la Universidad de Carabobo (UC), quien señaló a Aula Abierta que en el municipio San Diego las fallas han alcanzado hasta dos días continuos, lo que lo forzó a adquirir equipos de energía alternativa (UPS) para poder conectarse a sus evaluaciones.
Asimismo, José Núñez (UC) expuso que la falta de servicios y el cansancio acumulado impiden cumplir con las asignaciones, mientras que Raúl González, estudiante de Derecho de la Universidad de Los Andes (ULA), sintetizó la gravedad con la frase: “La crisis del sistema eléctrico no solo está apagando bombillos, sino que está apagando el futuro”.
Paralización de la docencia y reducción del espacio cívico
Desde la perspectiva del cuerpo docente y las autoridades universitarias, las fallas eléctricas paralizan los procesos administrativos y restringen la libertad académica.
El Dr. Manuel Morocoima, Secretario de la ULA, informó que las interrupciones dejan fuera de servicio las plataformas internas que atienden a casi 20 mil estudiantes, obligando al personal a recurrir al trabajo manual para mantener abierta la universidad.
Por su parte, el profesor Javier Tarazona (UPEL) advirtió que la crisis del servicio actúa como un mecanismo que «asfixia al venezolano» y comprime el espacio cívico, forzando a los ciudadanos a resolver la cotidianidad en periodos limitados en lugar de incidir en los grandes temas de interés público.
En el área médica, el profesor Pedro Fernández (Facultad de Medicina, ULA) señaló que la imposibilidad de utilizar equipos tecnológicos adecuados compromete la calidad de la enseñanza en disciplinas de alta exigencia técnica donde la vida de las personas está en riesgo.
Ante esta realidad, Aula Abierta insta a las autoridades competentes a implementar de forma urgente un plan de contingencia y priorización energética para los centros universitarios y las regiones más afectadas, salvaguardando el derecho a la educación, la libertad académica y el ejercicio pleno del espacio cívico en Venezuela.








